Entrar en política:
Es entrar en terrenos pantanosos y cubiertos de salvajes espinas.
Es caminar entre cadáveres descompuestos y pestilentes, que perdieron el alma y el corazón por aspirar a conquistar un poder inmoral y asesino.
Es avanzar por un camino lleno de envidias, traiciones, egoísmos y falsedades.
Es entrar en terrenos contaminados por la repugnante corrupción y la degradación humana.
Pero, es necesario que alguien entre a descontaminar y limpiar esos inmundos lugares. Es urgente llevar la luz de la decencia, honestidad y transparencia a esos lóbregos sitios.
Nosotros compartimos la misma tierra y esas mismas instituciones que han sido secuestradas por auténticas mafias, y peligrosos criminales.
La vida pública como la conocemos hoy, causa mucha repugnancia y asco. La putrefacción alcanza niveles intolerables para vivir con un mínimo de dignidad y esperanza.
Soy un hombre de mil batallas, mi cuerpo acumula cientos de sangrantes heridas. Aunque tengo el cuerpo destrozado, mi espíritu me pide seguir luchando contra este sistema miserable. Pues, tiene muchísima sed de justicia, transparencia y regeneración.
Si desciendo al inframundo es por amor. Es el amor que me impulsa a pasar por esos lugares tan dantescos. Es el amor que me blinda la piel, el corazón y los pensamientos.
El amor que siento por mis dos hijos, me obliga a bajar a los infiernos para intentar construir una sociedad más solidaria, incluyente, plural, justa, diversa y libre de corrupción.
El amor mueve y transforma nuestro mundo. El amor me hace pensar que es posible romper las pesadas cadenas que nos oprimen y ganar la batalla.

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